Playas y ramblas: el caso de Alicante
Por fin hemos vuelto a tener otoño, al menos en la ciudad de Alicante. Y es que en los últimos años la estación otoñal estaba siendo una prolongación del verano, si bien ya el año pasado tuvimos algunas tormentas más generales durante el mes de Septiembre, aunque no fue nada comparado con lo que hemos tenido en el otoño climatológico que acabamos de dejar atrás. Y es que tomando los datos de la estación de la Consellería de Medi Ambient en el Bº de la Florida, sumando Septiembre, Octubre y Noviembre el acumulado asciende a casi 253 l/m², superando los 100 l/m² en Septiembre y Octubre, algo que no sucedía en la capital alicantina desde hacía más de 40 años. Noviembre ha sido curioso, climatológicamente húmedo respecto a la media mensual, pero meteorológicamente seco, al concentrarse la precipitación durante unas horas. Con todo esto, hemos vuelto a ver las ramblas desbordadas en la comarca, con bastante carga sólida (lodos, arcillas, arenas) vertida al mar. Y como suele ser habitual en estas situaciones, algunas zonas de la costa se vieron afectadas. Vamos con ello.
La ciudad de Alicante se asienta sobre material cuaternario, es decir, reciente. Estos materiales suelen ser arcillas, limos, arenas, gravas; que a lo largo del tiempo han sido transportados por las ramblas desde las montañas que circundan el Campo de Alicante, depositándose en esta zona. Estos materiales son fértiles y explica la presencia de una rica huerta en el pasado, que ha languidecido con el pasado de las décadas debido a la creciente urbanización de la costa alicantina en las últimas décadas. Esto no solo ha afectado a la huerta, además ha modificado profundamente la red fluvial en la zona de la ciudad. Alicante ha crecido a golpe de barranco. A partir del siglo XVIII y XIX, los barrancos de Canicia (actual Rambla) y el de San Blas (estación de FFCC y Glorieta de la Estrella) quedaron integrados en la trama urbana, a través de desviaciones de los cauces o soterrándolos. Más tarde se agregó a la trama de la ciudad el Bº de Bonhivern, que discurría por la Avenida de Denia y desembocaba en la estación de la Marina. Que se hayan desviado los cauces y que se hayan soterrado no implica que los problemas de encharcamientos y anegamientos en la ciudad hayan acabado, ya que en episodios de precipitaciones torrenciales el agua sigue su camino natural, las ramblas, que hoy son avenidas y calles importantes de la ciudad. Los problemas más graves se dan precisamente en las calles que en el pasado eran barrancos (Barrio de San Blas, Oscar Esplá, Avda de Denia…). Podríamos pensar que aquí se acaban los problemas, pero aún quedan 3 barrancos que suelen causar problemas, y en estos me quiero centrar.
El Bº de Aguamarga es el menos conflictivo de estos 3, al discurrir fuera del núcleo urbano de Alicante. Su cuenca vertiente es de unos 70 km². Su cabecera se sitúa a los pies de Fontcalent, y desemboca en Aguamarga. Esta rambla es conocida por la gran cantidad de carga sólida que arrastra en sus avenidas, hasta el punto de tener que modificar artificialmente su cauce para evitar anegamientos, que afectaban sobre todo a la antigua fábrica de aluminios. Sin embargo el problema principal es que los puentes de la Nacional y del FFCC pueden actuar como represas, y ya más de una vez la rambla se los ha llevado por delante. En 1982 sucedió esto, a la vez que se formó un delta importante en tan solo unas horas. Es lo que podemos ver en la parte superior de la imagen (fuente: Alicante Vivo). En la parte de debajo de la imagen podemos apreciar una pequeña parte del material arrastrado al mar, devuelto por las olas y las corrientes a las playas situadas a los flancos del cono aluvial, tras una tormenta que dejó unos 40 mm a principios de Septiembre. Normalmente en esta playita solo encontramos arena (y basura).
La siguiente parada nos lleva algo más al N, entre San Gabriel y Babel. Allí encontramos la desembocadura de la rambla de las Ovejas, quizás la más peligrosa de las que surcan la ciudad. Es la que históricamente ha provocado más daños materiales y humanos. Su cuenca supera los 200 km², y en su cabecera recoge la escorrentía de ramblas procedentes del Maigmó o de Agost. En 1982 se estima que pudo llegar a un caudal punta de unos 400 m³/s. A raíz de la riada de 1997 se procedió a la canalización de su último tramo, siendo una de las obras más importantes del Plan Antirriadas de Alicante. Sin embargo siguen habiendo problemas: el puente del FFCC y de la carretera están muy bajos, y ahora el mar llega cauce arriba, lo que puede suponer un problema en el caso de coincidir lluvias torrenciales, un temporal de levante con una subida del nivel del mar. El Barrio de San Gabriel, situado junto a la rambla, se encuentra en una zona de riesgo, ya que ocupa parte del cono aluvial que encontrábamos antes de la ampliación del Puerto y del crecimiento del propio barrio. Sin embargo, por mucho que hayan echado cemento o alquitrán, sigue estando ahí y volverá a su función original en el caso de tener un episodio similar al de 1982 o 1997. Es una incógnita saber por dónde saldrá el agua tras estos cambios que hemos comentado. Abajo podemos apreciar la situación en 1930, gracias al vuelo de Ruiz de Alda. Podemos ver que parte del actual Barrio de San Gabriel ocupa parte del cono aluvial, señalado en verde.
Los daños que sufre la Playa de San Gabriel tras tormentas de cierta importancia se deben precisamente a que aquí encontramos un antiguo ramal del cono aluvial original. Esta era la situación a mediados de Octubre, tras una tormenta que dejó en la zona unos 75 l/m².



